Los ilusos
de la propaganda o ladrón por corrupto
La concepción de la publicidad actual
consiste -en esencia- en simular la realidad; es decir inventa a través de un
medio -radial, escrito, televisivo u
otros- un evento o instante que no existe para hacer creer al consumidor que
puede adquirir la versión de un producto o servicio de alta calidad, pero lo que
obtiene, al final -por esta publicidad- es una percepción distorsionada del
mismo.
Dicho en leguaje popular, querido
lector, “le venden gato por liebre”; por ejemplo, usted va en su auto o a pie y
mira la publicidad de una marca de hamburguesas X, la fotografía que expone tal
producto lo invita a la noble tentación de querer comer una de esas magníficas
hamburguesas; pero cuando usted llega al restaurante X que vende tal comida, no
resulta ni un pálido reflejo de lo que vio en la valla publicitaria, igual, la
compra y se la come.
En ese sentido, todos terminamos
siendo unos ilusos de la propaganda, porque en más de alguna ocasión -tengo la
certeza- que hemos llegado a un establecimiento hemos pedido una mercancía y lo
que nos dan no se parece a lo que vimos y con tal de no hacer mayor problema la
aceptamos, pero nos quedamos con una sensación de frustración.
Ese referente -del mundo
comercial y la publicidad- me permite reflexionar sobre lo que es la
“propaganda política”; de esa cuenta el refrán se debería modificar, en vez
decir “nos dieron gato por libre”, tal vez cuando usted vea una valla
publicitaria de una contendiente de elección popular, debemos pensar, “nos
dieron ladrón por corrupto”. Parece un chiste, pero no lo tome a mal, porque
eso es lo que nos espera este año electoral, veremos las caras sonrientes y
cínicas de un montón de aspirantes que desean llegar al poder, obvio, para enriquecerse
de mala manera y para lograrlo se convierten en un producto debidamente
mercadeado por esta falsa publicidad. De esa cuenta, usan todos los trucos
necesarios para que aparezcan, tal hamburguesa X, como lo máximo, aunque en
esencia son los peores hombres y mujeres.
Pero, entonces, se preguntará
¿qué nos queda?, tal vez en la publicidad comercial, pues, nos podemos dar la vuelta
y no consumir el producto en cuestión. Sería mí anhelo, si nuestro instinto de
sobrevivencia -como sociedad- que ni siquiera intentáramos el voto de ninguna
expresión, ni nulo ni nada. Esta tesis la construyó -del no voto-, el premio
Nobel, José Saramago, en una novela, “Ensayos sobre la lucidez”, donde él
afirma que ni siquiera el mismo candidato fue a votar ese día, porque el
sistema estaba tan corrupto que ni él mismo se lo creía.
NO tengo la mínima idea de lo que
sigue, pero imagino, si toda una
población no votara, ¿qué sucedería?, ¿se quedaría el gobernante actual
perpetuamente en el poder? Creo que eso sería de mal gusto y se llama tiranía.
En fin, querido lector, es mi
modesta opinión pero ante el acoso del que seremos objeto y las crueldades que
nos esperan este año, por los candidatos en oposición, mejor nos vamos
preparando sicológicamente y pensamos en hacer algo productivo, aparte de sobrevivir
en una sociedad que se destruye cada día.
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