miércoles, 25 de marzo de 2015

Los ilusos de la propaganda o ladrón por corrupto

La concepción de la publicidad actual consiste -en esencia- en simular la realidad; es decir inventa a través de un medio -radial, escrito,  televisivo u otros- un evento o instante que no existe para hacer creer al consumidor que puede adquirir la versión de un producto o servicio de alta calidad, pero lo que obtiene, al final -por esta publicidad- es una percepción distorsionada del mismo.
Dicho en leguaje popular, querido lector, “le venden gato por liebre”; por ejemplo, usted va en su auto o a pie y mira la publicidad de una marca de hamburguesas X, la fotografía que expone tal producto lo invita a la noble tentación de querer comer una de esas magníficas hamburguesas; pero cuando usted llega al restaurante X que vende tal comida, no resulta ni un pálido reflejo de lo que vio en la valla publicitaria, igual, la compra y se la come.
En ese sentido, todos terminamos siendo unos ilusos de la propaganda, porque en más de alguna ocasión -tengo la certeza- que hemos llegado a un establecimiento hemos pedido una mercancía y lo que nos dan no se parece a lo que vimos y con tal de no hacer mayor problema la aceptamos, pero nos quedamos con una sensación de frustración.
Ese referente -del mundo comercial y la publicidad- me permite reflexionar sobre lo que es la “propaganda política”; de esa cuenta el refrán se debería modificar, en vez decir “nos dieron gato por libre”, tal vez cuando usted vea una valla publicitaria de una contendiente de elección popular, debemos pensar, “nos dieron ladrón por corrupto”. Parece un chiste, pero no lo tome a mal, porque eso es lo que nos espera este año electoral, veremos las caras sonrientes y cínicas de un montón de aspirantes que desean llegar al poder, obvio, para enriquecerse de mala manera y para lograrlo se convierten en un producto debidamente mercadeado por esta falsa publicidad. De esa cuenta, usan todos los trucos necesarios para que aparezcan, tal hamburguesa X, como lo máximo, aunque en esencia son los peores hombres y mujeres.
Pero, entonces, se preguntará ¿qué nos queda?, tal vez en la publicidad comercial, pues, nos podemos dar la vuelta y no consumir el producto en cuestión. Sería mí anhelo, si nuestro instinto de sobrevivencia -como sociedad- que ni siquiera intentáramos el voto de ninguna expresión, ni nulo ni nada. Esta tesis la construyó -del no voto-, el premio Nobel, José Saramago, en una novela, “Ensayos sobre la lucidez”, donde él afirma que ni siquiera el mismo candidato fue a votar ese día, porque el sistema estaba tan corrupto que ni él mismo se lo creía.
NO tengo la mínima idea de lo que sigue, pero imagino,  si toda una población no votara, ¿qué sucedería?, ¿se quedaría el gobernante actual perpetuamente en el poder? Creo que eso sería de mal gusto y se llama tiranía.

En fin, querido lector, es mi modesta opinión pero ante el acoso del que seremos objeto y las crueldades que nos esperan este año, por los candidatos en oposición, mejor nos vamos preparando sicológicamente y pensamos en hacer algo productivo, aparte de sobrevivir en una sociedad que se destruye cada día.   

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