Las derechas destruyen a la derecha
Resulta
paradójico, por no decir contradictorio, cuando los intelectuales de la derecha
atacan al sistema que tanto defienden.
¿Quién es usted para contradecir el orden preestablecido? Sería la
pregunta. Porque la realidad -para el
pensamiento conservador- es perfecta y lo expreso con toda la ironía, pero
cualquiera de nosotros se debe sorprender cuando los epígonos de la ideología
de derecha arremeten de forma despiadada contra el régimen que tanto les ha
dado o por el cual han sido capaces de expresar las sentencias más aberrantes o
simples en defensa del mismo.
En ese sentido,
fue concluyente la conversación -con un sesgo ideologizado- cuando Giovanni
Fratti platicaba con Mario David García sobre la debacle de nuestra
institucionalidad, porque “su” gobierno de derecha -rapaz y miserable- llevó al
país a la peor crisis de gobernabilidad de nuestro período democrático por los
actos de corrupción.
En síntesis,
cuando estos “opinionistas” de ocasión comentan sobre el sistema social, la
gran mayoría de la población dice “amén”, aunque sus ideas sean de lo más
incoherentes; por ejemplo, recuérdese, querido lector, cuando Mario David
García grabó al suicida Rosenberg, quien
puso -por sus actos y declaraciones- al gobierno anterior en una crisis sin
precedente y, sobre todo, porque todas las personas de ultra derecha se
vistieron de blanco y salieron a protestar a la calle porque les parecía
“inconcebible” que los gobernantes, véase Álvaro Colom y compañía, estuviesen involucrados
en tan horrendo crimen. Allí los vimos subidos en sus autos, con megáfonos en
mano, desgarrándose las vestiduras por la impiedad del gobierno. Lo cual, con el
devenir, fue peor que un mal chiste, porque el señor en cuestión se suicidó por
una acción pasional, no por toda la parafernalia que el periodista Mario
David y compañía habían inventado.
Esto no quiere decir que los anteriores gobernantes sean
personas impolutas o sin crímenes que deban pagar. Pero la actual crisis que
vive el país no tiene antecedente porque es desde la misma estructura del
Estado que la vice mandataria se articula a la “línea” de corrupción para
servirse ella y sus secuaces. Los secuaces son las navieras, las empresas
privadas, el sistema bancario y otros actores, porque la danza de millones no
se guarda bajo el colchón.
Entonces, en el
naufragio de esta vorágine política que nos toca vivir, alguna cabeza habrá de
rodar; presiento, como una lotería, será al final la de la vice-mandataria.
Porque alguien debe purgar por la corrupción enquistada en el Estado, aunque
ella sea nada más que un “chivo expiatorio”; porque la estructura corrupta
seguirá funcionando de la misma manera.
Lo impactante de
esta crisis es que de alguna manera, si se quiere tenue, la población civil ha
reaccionado; sectores de los más diversos se han pronunciado, incluso, se han
sumado a la plaza pública a demostrar su total rechazo; acaso sea por los
desmanes y prepotencia de la vice gobernante, acaso porque -al final- estamos
hartos de tanta corrupción y violencia.
Entonces, si
deseamos mantener el orden imperante, el modelo democrático con participación
de voto directo y sus instituciones, debemos validar la petición para que la
vice gobernante y sus seguidores sean procesados, para lo mismo, se les debe
separar del cargo y juzgar. Obvio, lo anterior es solo una idea, porque el “poder
real” moverá sus influencias “para hacer todos los cambios que sean necesarios
para que la “cosa pública” siga igual”, como afirmó -con sarcasmo- el político
mexicano de principios del siglo XIX. Sin embargo, nos queda la expectativa que
esta protesta forme una conciencia ciudadana y los gobernantes no sean
criminales. Nos queda la esperanza a todos los ciudadanos honestos la idea un
futuro mejor.
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