sábado, 9 de mayo de 2015

Las derechas destruyen a la derecha


Resulta paradójico, por no decir contradictorio, cuando los intelectuales de la derecha atacan al sistema que tanto defienden.  ¿Quién es usted para contradecir el orden preestablecido? Sería la pregunta.  Porque la realidad -para el pensamiento conservador- es perfecta y lo expreso con toda la ironía, pero cualquiera de nosotros se debe sorprender cuando los epígonos de la ideología de derecha arremeten de forma despiadada contra el régimen que tanto les ha dado o por el cual han sido capaces de expresar las sentencias más aberrantes o simples en defensa del mismo.  
En ese sentido, fue concluyente la conversación -con un sesgo ideologizado- cuando Giovanni Fratti platicaba con Mario David García sobre la debacle de nuestra institucionalidad, porque “su” gobierno de derecha -rapaz y miserable- llevó al país a la peor crisis de gobernabilidad de nuestro período democrático por los actos de corrupción.
En síntesis, cuando estos “opinionistas” de ocasión comentan sobre el sistema social, la gran mayoría de la población dice “amén”, aunque sus ideas sean de lo más incoherentes; por ejemplo, recuérdese, querido lector, cuando Mario David García grabó al suicida Rosenberg,  quien puso -por sus actos y declaraciones- al gobierno anterior en una crisis sin precedente y, sobre todo, porque todas las personas de ultra derecha se vistieron de blanco y salieron a protestar a la calle porque les parecía “inconcebible” que los gobernantes, véase Álvaro Colom y compañía, estuviesen involucrados en tan horrendo crimen. Allí los vimos subidos en sus autos, con megáfonos en mano, desgarrándose las vestiduras por la impiedad del gobierno. Lo cual, con el devenir, fue peor que un mal chiste, porque el señor en cuestión se suicidó por una acción pasional, no por toda la parafernalia que el periodista Mario David  y compañía habían inventado. 
Esto no  quiere decir que los anteriores gobernantes sean personas impolutas o sin crímenes que deban pagar. Pero la actual crisis que vive el país no tiene antecedente porque es desde la misma estructura del Estado que la vice mandataria se articula a la “línea” de corrupción para servirse ella y sus secuaces. Los secuaces son las navieras, las empresas privadas, el sistema bancario y otros actores, porque la danza de millones no se guarda bajo el colchón.
Entonces, en el naufragio de esta vorágine política que nos toca vivir, alguna cabeza habrá de rodar; presiento, como una lotería, será al final la de la vice-mandataria. Porque alguien debe purgar por la corrupción enquistada en el Estado, aunque ella sea nada más que un “chivo expiatorio”; porque la estructura corrupta seguirá funcionando de la misma manera.
Lo impactante de esta crisis es que de alguna manera, si se quiere tenue, la población civil ha reaccionado; sectores de los más diversos se han pronunciado, incluso, se han sumado a la plaza pública a demostrar su total rechazo; acaso sea por los desmanes y prepotencia de la vice gobernante, acaso porque -al final- estamos hartos de tanta corrupción y violencia. 

Entonces, si deseamos mantener el orden imperante, el modelo democrático con participación de voto directo y sus instituciones, debemos validar la petición para que la vice gobernante y sus seguidores sean procesados, para lo mismo, se les debe separar del cargo y juzgar. Obvio, lo anterior es solo una idea, porque el “poder real” moverá sus influencias “para hacer todos los cambios que sean necesarios para que la “cosa pública” siga igual”, como afirmó -con sarcasmo- el político mexicano de principios del siglo XIX. Sin embargo, nos queda la expectativa que esta protesta forme una conciencia ciudadana y los gobernantes no sean criminales. Nos queda la esperanza a todos los ciudadanos honestos la idea un futuro mejor. 

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