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sábado, 20 de agosto de 2016

Fusilar una mujer al estilo Arzú

Jorge Ubico ha sido el único presidente de Guatemala -hasta la fecha-, quien ordenó fusilar a una mujer. Este hecho lamentable aconteció en 1942, luego que Ubico se reeligiera por tercera vez, a pesar de tener prohibición constitucional. La mujer que condenó, porque él le negó el indulto, se llamaba Mauricia Hernández Urbina. Ella fue víctima del sistema patriarcal de justicia y de la violencia sistemática que su marido le propinó durante más de diez años.

En este caso se agotaron todas las instancias del debido proceso. Sin embargo, al pasar de los años, tenemos la certeza que tuvo evidentes vicios legales y fue manipulada la justicia -por el mismo presidente- para someter a la población, particularmente a las mujeres, al miedo social. Comprendemos que la violencia es el recurso que tienen los gobernantes que le han hecho daño a la humanidad; allí está Hitler, Stalin, Estrada Cabrera y otros tantos, quienes con sus actos barbáricos destruyeron la dignidad de la población que los sufrió. Entonces, legitimar la memoria de estos gobernantes es perpetuar el terror o ¿acaso los alemanes tienen una calle que se llame Hitler?

Mauricia Hernández fue acusada de envenenar con un herbicida a su marido, en el hecho le ayudó su yerno. Por lo que se puede interpretar que los miembros de la familia resentían los golpes que el padre les daba. Un dato significativo en el proceso es que la capturaron y la hicieron declarar a porrazos, método propio de los sagaces investigadores.  Ella -en esa declaración- afirmó que su esposo tenía más de diez años de golpearla todos los días. Nada justifica quitarle la vida a otra persona, pero la defensa debió proponerlo como un atenuante ante la situación desesperada de una mujer que sufría maltrato físico y emocional.

Desde la perspectiva de la justicia actual, todos los derechos fundamentales de Mauricia se violentaron. Recordemos que en aquellos años la administración del derecho era regida exclusivamente por hombres, por lo cual se ensañaron contra esta mujer. Además, podemos deducir que Ubico le ordenó al juez que la condenara, porque le convenía para mantener el terror en la población.

En nuestro tiempo, el acalde Arzú le puso el nombre Jorge Ubico a un paso a desnivel de la ciudad, ¿qué sentido tiene para la memoria de un pueblo recordar a sus peores gobernantes? Hoy no me vengan con el cuento de tontos que “en los tiempos de Ubico se podía caminar por las calles…”, como que ese fuese el logro más significativo de un presidente. Otros dicen que hizo obra, ese es otro argumento superficial, porque la infraestructura de un país la pagan los ciudadanos con sus impuestos, no los gobernantes de sus bolsillos. Es más, muchos presidentes se han enriquecido de forma ilícita al estar en la posición de poder; allí están los últimos mandatarios del país siendo investigados o el condenado confeso de Portillo. Así que cualquier persona que me venga en su defensa, es otro personaje igual que Arzú, quien presuponemos que al fusilar mujeres -al estilo de Ubico-,  tiene un recurso para someter a la población y que viva la ciudadanía la paz del mármol en la lápida. Porque hombres ya fusiló o se les olvida que fue en el gobierno de Arzú que se ejecutaron a plomazos a unos delincuentes en septiembre de 1996.


Por eso hoy, desde la posición de la dignidad, le exijo al señor Arzú que cambie el nombre a ese paso a desnivel porque nombrarlo así es fusilar todos los días a Mauricia. Si no tiene información histórica -por desconocimiento- le puedo proponer nombres de ilustres guatemaltecas, porque inmortalizar tiranos no tiene sentido para el bien de la memoria del país o ¿será qué entre los valores que profesa el señor Arzú está fusilar también una mujer? 

martes, 8 de diciembre de 2015

El tránsito entre el taco y tapón a la hora pico de navidad

acá voy cantando a gritos una canción pop, oyendo a regina tello. já. ar
En más de alguna ocasión  -querido lector- usted se habrá quejado del tránsito de su ciudad, habrá vociferado y tengo la certeza que le echará la culpa al prepotente del policía municipal o en el mejor de los casos al mediocre del alcalde. Dentro de su cotidianeidad esto es cierto, tanto el alcalde -con sus famosos planes de contingencia y carriles reversibles-  como el policía forman parte del problema que usted debe resolver cada día; trasladarse de su hogar al trabajo.
Pero deje que le cuente algo, en todo el mundo hay alcaldes mediocres o policías viales insufribles, todas las grandes ciudades tiene el congestionamiento vehicular como norma, por eso se llaman metrópolis.  Es decir, muchas urbes del mundo tiene este problema; ciudad igual a tránsito y todos los nobles usuarios de su auto se quejan de la policía de su país o del mediocre alcalde del alcalde.
Por ejemplo, en Puerto Rico los automovilistas, con aquellas autopistas enormes, bien pavimentadas y de paga, se encuentran cada día con el “tapón”; llegan a sus trabajos abrumados por las dos horas y más que tuvieron que hacer cada día. Sin embargo, al volver a sus casas una conversación promedio es “¿cómo estuvo el tapón?”.
Pero pasa igual en Chile, allí puedes escuchar una conversación donde el amable esposo le pregunta a su pareja, “¿cómo te fue en el taco?”. Además, vuelves a oír la conversación sobre que el policía tal hizo que la fila o cola, según sea el caso, se entorpeciera más de lo debido o que el alcalde está ampliando tal autopista y el tiempo de espera fue más largo. Luego de apaciguados los ánimos, se preguntan cómo les fue en sus actividades; luego la conversación deviene en los chicos, la escuela, el o la jefe y total pasan a comer algo y luego corren a dormir porque se deben levantar temprano para que el tránsito no los atrape.
Esta vida parece un círculo perverso que gira en torno al tránsito y la vida de las personas -en las grandes ciudades- se marca por los días que tienen más o menor tránsito. Este “fenómeno” social, el tránsito, tiene por principio -según mi criterio- lo irracional que resulta el sistema de transporte de las ciudades, sobre todo porque la lógica del sistema de consumo es la venta de cualquier cosa, incluyendo carros.
Entonces, lo ideal es que usted para poder movilizarse compré un auto y sea feliz, pero no comprende, porque -allí está la trampa- que usted termina frustrado por tener auto. Pero como las ciudades cosmopolitas tienen  algunos sistemas alternos de transporte, pero estos no son suficientes, como el metro, los troles o  los autobuses, Usted termina comprando su autito para transportarse y entra en el infierno de la hora pico y su vida comienza a girar en torno a los congestionamientos.

En fin, este círculo del tránsito parece inacabable, entonces, para estos días prepárese querido lector, porque la época navideña es un caos vial, pero sea feliz, incluso, si puede compre otro auto para poder moverse en una ciudad, la nuestra, que parece tener su principio rector en el desorden vehicular y, obvio, sea feliz.