Cuando tuvo conciencia sobre su vida, se enlistó en el ejército. Con una clara
convicción sobre sus acciones y atropellando a quien se le pusiera enfrente
obtuvo el grado máximo, “general de 5 estrellas”. Aquel hombre, una vez en la
posición de poder se lo sirvió como manjar para su ambición. Pero sus
perspectivas de vida eran tan simples como limitadas, al nacer en cuna pobre su
anhelo era la riqueza material, tener dinero, no podía aspirar a más, porque su
vida no tenía otro sentido.
Cuentan que en las horas de tedio,
cuando era estudiante de militar, disfrutaba viendo las revistas de moda por
los autos lujosos, las mansiones y las mujeres de diseño; era -en resumidas
cuentas- un hombre con una maldad incomparable pero simple a los gustos del
mercado. Véase, comprable o sobornable. En ese recorrido de vida, una vez la
población a la que ahora atemorizaba lo vio en una gran moto de fabricación
norteamericana, de último modelo, una Harley Davidson. Esa moto representaba para él todas sus
aspiraciones, porque él era el hombre que trazó su propio destino, así se
sentía cuando la conducía sobre las calles llenas de hoyos en el país que
gobernaba con mano dura.
Los años se hicieron polvo, la
indignación popular -ante la violencia del general- se hizo espora de
esperanza y reventó como primavera, fue un día de mayo que acusaron al general por
actos de CORRUPCIÓN, la cual era, además, evidente. La opulencia con él vívia y su séquito
era nefasta, en contraposición a la miseria en harapos en que vivía la población que él
supuestamente gobernaba.
Él representa al militar con ambición
desmedida, quien vendió su vida -incluyendo el hambre de miles de ciudadanos-
por unos dólares. Total él lo decía a viva voz, “solo una vida tenemos y
debemos disfrutarla y no importa a quien destruyas”.
La frase ambiciosa del general lo defenestró,
porque el hambre de miles se hizo voz de millones y lo terminaron acorralando
en su oscura ambición. Hoy cuentan, las viejas leyendas, que huyó pero terminó
loco en su maldad.
Ese fue el general UBICO, quien le
grita -desde su tumba- al general PÉREZ para que comprenda que la violencia de
mil años de los militares tiene fecha de caducidad. Hoy lanzo al viento, una
frase como esperanza, “deseo que la humanidad comprenda que dará un paso más a
su concepción de dignidad cuando ningún grupo, en ningún lugar del planeta,
tenga militares o ejércitos para el beneficio de algunos en contra de la
mayoría.”
Hoy nuestro país, una pequeña nación
en el planeta, intenta construir un futuro diferente, pero intuyo -espero
equivocarme- que los poderosos de ambición, con nuevos generales y sus armas de
intimidación, intentarán destruir todo paso a la dignidad porque no les gusta
perder sus privilegios que obtienen a costa del hambre de millones. O sino,
discuta Usted sobre el salario mínimo, lo que indica con claridad que otorga
las mínimas condiciones para “morir la vida, no vivirla”, como diría el poeta y
ellos obtengan su riqueza.
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