martes, 15 de septiembre de 2015

Carta del General Ubico al General Pérez

Se hizo poderoso por la capacidad de violencia que podía ejecutar, dicen que -desde la infancia- aprendió a golpear a otros niños de barrio para obligarlos a realizar las acciones que él deseaba. 

Cuando tuvo conciencia sobre su vida, se enlistó en el ejército. Con una clara convicción sobre sus acciones y atropellando a quien se le pusiera enfrente obtuvo el grado máximo, “general de 5 estrellas”. Aquel hombre, una vez en la posición de poder se lo sirvió como manjar para su ambición. Pero sus perspectivas de vida eran tan simples como limitadas, al nacer en cuna pobre su anhelo era la riqueza material, tener dinero, no podía aspirar a más, porque su vida no tenía otro sentido.

Cuentan que en las horas de tedio, cuando era estudiante de militar, disfrutaba viendo las revistas de moda por los autos lujosos, las mansiones y las mujeres de diseño; era -en resumidas cuentas- un hombre con una maldad incomparable pero simple a los gustos del mercado. Véase, comprable o sobornable. En ese recorrido de vida, una vez la población a la que ahora atemorizaba lo vio en una gran moto de fabricación norteamericana, de último modelo, una Harley Davidson. Esa moto representaba para él todas sus aspiraciones, porque él era el hombre que trazó su propio destino, así se sentía cuando la conducía sobre las calles llenas de hoyos en el país que gobernaba con mano dura.

Los años se hicieron polvo, la indignación popular -ante la violencia del general- se hizo espora de esperanza y reventó como primavera, fue un día de mayo que acusaron al general por actos de CORRUPCIÓN, la cual era, además, evidente. La opulencia con él vívia y su séquito era nefasta, en contraposición a la miseria en harapos en que vivía la población que él supuestamente gobernaba.

Él representa al militar con ambición desmedida, quien vendió su vida -incluyendo el hambre de miles de ciudadanos- por unos dólares. Total él lo decía a viva voz, “solo una vida tenemos y debemos disfrutarla y no importa a quien destruyas”.

La frase ambiciosa del general lo defenestró, porque el hambre de miles se hizo voz de millones y lo terminaron acorralando en su oscura ambición. Hoy cuentan, las viejas leyendas, que huyó pero terminó loco en su maldad.

Ese fue el general UBICO, quien le grita -desde su tumba- al general PÉREZ para que comprenda que la violencia de mil años de los militares tiene fecha de caducidad. Hoy lanzo al viento, una frase como esperanza, “deseo que la humanidad comprenda que dará un paso más a su concepción de dignidad cuando ningún grupo, en ningún lugar del planeta, tenga militares o ejércitos para el beneficio de algunos en contra de la mayoría.”

Hoy nuestro país, una pequeña nación en el planeta, intenta construir un futuro diferente, pero intuyo -espero equivocarme- que los poderosos de ambición, con nuevos generales y sus armas de intimidación, intentarán destruir todo paso a la dignidad porque no les gusta perder sus privilegios que obtienen a costa del hambre de millones. O sino, discuta Usted sobre el salario mínimo, lo que indica con claridad que otorga las mínimas condiciones para “morir la vida, no vivirla”, como diría el poeta y ellos obtengan su riqueza.


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