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martes, 14 de agosto de 2018

Los dictadores de la democracia


Al escribir el título de esta columna, reflexiono sobre la paradoja que el mismo encierra. Es contradictorio, porque democracia no contiene dictadura. Sin embargo, cuando veo la realidad latinoamericana llena de presidentuchos de cartón tal cual; la sentencia cobra sentido.


Para citar  de los peores ejemplos, en este período histórico; pues, tenemos a Macri en la Argentina, a JOH en Honduras. La sombra de Chávez en Venezuela,  ¿cómo es que se llama este sujeto? Sonrío. A este personaje le omito el nombre por mi predisposición intelectual contra la ignorancia grotesca. También tenemos un Ortega en Nicaragua, este personaje se lleva las palmas por la maldad. Vaya un Peña Nieto en México, otro cómico en Guatemala, quien no merece tampoco que lo mencione por su nombre o Mario Abdo Benítez en Paraguay, un iletrado absoluto. La lista se amplía con los mediocres gobernantes de la región. Por espacio no los puedo mencionar a todos. Así que no se ofendan señores presidentes.

Eso sí, todos ellos son incapaces de articular un discurso coherente.  En le caso hipotético que tuviese la oportunidad de entrevistarlos y hacerles la pregunta, ¿por qué gobiernan? Tengo la certeza que ninguno podría dilucidar  alguna idea coherente que explique porque están en el poder político en sus países. Sé que me contestarían una sarta de incoherencias.  Estos personajes,  tampoco tienen un gesto solidario  para con los pueblos que se supone que dirigen. Ignorantes con precisión. Ninguno de ellos comprende lo que significa el Estado.  Eso sí, son arribistas por convicción.  Malandrines del espectáculo politiquero.

Si no fuera tan barbárico su discurso y ridículas sus actuaciones públicas hasta podría dar risa. Un enorme circo de mediocres por la región. Por ejemplo, el cómico de televisión de Guatemala salió vestido de militar para supervisar una obra civil a favor de  los dignificados de una tragedia natural. ¿Qué puedes pensar? ¿Al tipo le falta bastante inteligencia o su cuerpo asesor no sabe nada de protocolo? Pero de la ayuda no se habló nada, se la robaron. También cuando Macri, en un discurso improvisado, minimiza la muerte de dos maestros por las pésimas condiciones materiales que su gobierno tiene en las escuelas públicas. ¿Burlarse de la muerte de un ser humano? Eso es trascender en la ignominia. O cuando a Peña Nieto se le apagó el telepromter y tuvo que improvisar un discurso en la inauguración de la planta de Coca Cola de Guadalajara. El presidente mexicano intentó hilar unas ideas y  afirmó que la bebida en cuestión sirve para adelgazar. ¿De verdad la coca cola sirve para adelgazar? Obvio en medio de un tartamudeo impresionante y todavía preguntó si estaba bien su discurso. No es ciencia ficción o una película de bajo presupuesto, es nuestra realidad.   

Puedo seguir, con un criterio absoluto, enumerando la incapacidad de los sujetos mencionados y otros más para gobernar sus países. Entonces, usted -querido lector o lectora- se debe preguntar ¿por qué están de presidentes en sus países? La respuesta se empieza a dilucidar precisamente por el perfil de mediocres arribistas que tienen.  Es decir, al tirano silencioso y omnímodo de la región, véase al FMI, le conviene esta suerte de personajillos de moral de poca monta. A quienes le importa un colí la dignidad de los seres humanos de sus países. Son irrespetuosos de la vida humana. Estos seres, tal cual aldeanos -como los describía José Martí- cumplen el papel de títeres con beneficios personales para enriquecer a otras partes del planeta.  Entonces, las democracias en la región tienen su dictador invisible y mil veces más tenebroso que los antiguos y bestiales militares. Hoy la democracia es la dictadura perfecta para expoliar hasta la saciedad a nuestros países y matar del hambre a millones de seres humanos. ¿Cuánto tiempo habremos de  aguantar?

jueves, 28 de enero de 2016

El mercado religioso y los presidentes


Cada mañana -por muchos siglos- en la parroquia de la esquina han repicado las campanas sonoras que convocan a los feligreses a participar de la misa. Los domingos, los letrados de la fe inventan un templo moderno con visores virtuales y bandas en vivo para que los hermanos acudan a oír la alabanza. Imagino que en el centro de la ciudad de la Meca, las sirenas de una mezquita anuncian la hora santa y los hombres acuden descalzos para invocar a su deidad, quien les debe otorgar sus favores a cambio de estos actos.
Todos los seres humanos -de una u otra forma- se adhieren a los rituales de la comunidad o el país donde nacieron o, incluso, algunos -los menos- los niegan o cuestionan. Porque se tiene por sentado que la fe es una predisposición en cada habitante, aunque no comprenda muy bien las formas de cómo funciona ésta.
La mayoría de las veces son ovejas que acuden al matadero de la palabra. Pero, si los fieles no acudieran a estos actos rituales la vida seguiría igual: el sol iluminaría el ocaso,  el semáforo de la esquina impondría el ritmo del tránsito en la ciudad,  las personas acudirían al trabajo, los niños asistirían a la escuela y todo sería lo mismo. Por ende, los sacerdotes, pastores y demás intermediarios de los ritos religiosos perderían sus empleos remunerados.


De esa afirmación, comprendemos que la vida seguiría  su curso normal.  Sin embargo, muchas personas -la mayoría- tienen la necesidad de reafirmar un “no sé qué”, para que su vida tenga sentido; que va desde orar a gritos con los ojos cerrados, fustigarse con una vara o golpearse el pecho para citar algunas prácticas. Actos de contrición que le crean un equilibrio emocional a la persona que los realiza, podrán tener sentido para la misma, pero no ordenan el universo ni le cambian el rumbo a las estaciones.   
En tal sentido, parece ridículo -como objeto de burla para un país laico- que cada cuatro años el ciclo infernal de la corrupción inicié con un tedeum y la prédica de tal o cual pastor. Es una aberración, a menos que el dios que bendice esos actos sea el dios de la corrupción. De esa cuenta,  los fieles creyentes con su cura o pastor sean los mismos ingenuos interesados que van a misa o a la prédica los domingos, quienes -insisto- sin comprender muy bien cómo funciona la fe, necesitan aferrarse a una tabla ante el naufragio espiritual que los contiene, porque la vorágine de descomposición humana de nuestra sociedad los orilló a esa percepción de la vida.
O peor aún, esta sociedad nuestra está tan llena de actos corruptos que bendicen el pastor y el cura o ¿serán los intereses ocultos? Como la no fiscalización de los diezmos y ofrendas que permiten crear líneas para el lavado de dinero y se justifican con los misterios del más allá, con sus bienes y castigos. Así los devotos practicantes -con sus curas y pastores- callan porque, al final, les conviene que parte del Estado funcione así, porque reparte la riqueza de otra forma desigual.
En consecuencia, querido lector, debemos recapacitar sobre las acciones de los presidentes para que  no se repita la misma historia cada cuatro años.