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sábado, 6 de agosto de 2016

Los funcionarios corruptos cometen crímenes de lesa humanidad

La política pública -de cualquier Estado- se establece con el criterio del bien común. Por ende, es imprescindible crear una estrategia gubernamental a partir de las necesidades de todos los grupos de una sociedad determinada, a quienes van dirigidas estas acciones.
Pero cuando se elimina el “bien común”, como premisa clave de la política pública, porque no se toma en cuenta las necesidades básicas de todos los grupos de una población; se crea una política perversa que condena a los ciudadanos a morir de hambre. Se construye una política particular para beneficiar a un sector definido, una política de orden mezquino que enriquece de forma exponencial al grupo beneficiado y empobrece hasta aniquilar a los otros sectores.



Para el funcionamiento, en el plano  financiero de las políticas públicas, se usan los recursos que se adquieren de la administración del Estado. Es decir, de los impuestos u obligaciones tributarias que impone una sociedad a sus miembros para que la misma pueda continuar en el tiempo. Por eso, la política pública debe tener como premisa fundamental la inclusión; a saber: salud, educación, seguridad alimentaria, entre otras para todos.
Sin embargo, esta relación de política pública más el bien común es una incongruencia que persiste muchos países; véase América Latina o los llamados del tercer mundo, porque el dinero para que funcionen las sociedades se extrae del ciudadano, pero la política pública está orientada a beneficiar a un sector en particular. Como sucede con las transnacionales que se posicionan en los países o los sectores económicos como banqueros, comerciantes, hoteleros, comerciantes de la fe y otros advenedizos del bien común.  En ese sentido, el ciudadano de a pie es despojado en todos sentidos dentro de la ética del arribista que tienen estos miembros de la sociedad.
Por eso, mi tesis fundamental es que los actos de corrupción de altos funcionarios son crímenes de lesa humanidad. Ya que la política pública está orientada a beneficiar a un sector, financiada por toda la sociedad como lo hemos expresado y encima los funcionarios “electos popularmente” se convierten en delincuentes rapaces al apropiarse de forma ilícita de los recursos restantes y muy limitados para la población.
En el caso de nuestro país, el ex presidente Otto Pérez y la ex vicemandataria Roxana Baldetti  o el pastor Cash Luna -quien aceptó dinero sucio de la corrupción-, o el hotelero Carlos Enrique Monteros Castillo son los ejemplos puntuales de esta tesis. Por eso, la sociedad -usted y yo querido lector- los debemos considerar como criminales que le han hecho daño a la humanidad y como tales deben ser tratados como lo que son: delincuentes y cada día de sus mezquinas vidas deben hacer acciones nobles para tratar de redimir su egoísmo; al menos lavar baños en las prisiones o coser ropa para los sectores que ellos, con sus acciones viles, terminaron de dañar.

NO más privilegios para los corruptos y si el cómico que tenemos por presidente les hace una prisión especial, en vez de orientar los recursos del país para que todos los habitantes tengan una vida digna, él también -el señor Morales- debe estar preso desde ahora.  Estas acciones y sus desorientadas políticas públicas están cometiendo, nuevamente, crímenes de lesa humanidad. En consecuencia, nos debe parecer deleznable tener que soportar -como población- una política pública orientada a beneficiar a sus compinches militares y luego de cuatro años esperar para que sea juzgado como el criminal que es desde ya.

martes, 28 de junio de 2016

Las deudas de un ciervo inmoral

Si Dios es el de Cash Luna, debemos cuestionar toda la fe que sostiene su práctica. Porque los evidentes visos de corrupción -con su mega posición- empiezan a salir a flote y pronto estará destronado. Como una predicción, le aseguro -querido lector- que antes de caer el pastor en prisión, lo más seguro es que salga huyendo y sea prófugo como Sinibaldi, quien pronto lo hallará la Interpol y terminará tras los barrotes.

Para las personas, como usted, quienes practican el respeto y su fe de una forma honesta es inmoral que un pastor reciba coima de una corrupción, coloque una bandera gigante con un asta de 44 metros y con un valor de casi un millón de quetzales. Ese dios de la opulencia, solo viene de la corrupción moral de un pastor pervertido por la riqueza. Tampoco puede alegar ignorancia, él -le aseguro lector- conoce bien en que aguas turbias navega y sabía con certera posición que el dinero de la bandera era de la corrupción de la ex presidenta, Roxana Baldetti, quien merece por lo menos dos cadenas perpetuas y un día más, para tener la certeza que solo muerta salga de prisión.

Además, por si no lo oyó, lo puede encontrar en el Internet, el mismo Cash aseveró en una prédica -con su antojadiza interpretación- cito textual “…que Jesús tiró las mesas por allá cuando ofrendaron mal…” Dice el anodino pastor que a Jesús no le importó la traición de Judas o la negación de Pedro. Vaya criterios para enseñar el amor al prójimo, el respeto y otras cualidades inherentes que deben contener fe cristiana. Por cierto, Jesús tiró las mesas en el templo, porque precisamente -se lee en la biblia- habían convertido la casa de su padre en un mercado de usureros. Sin embargo, esas palabras de la ofrenda y el enfado de Jesús están selladas con la propia boca de Cash, donde se puede colegir que lo único que mueve a este ser humano es la avaricia al dinero.

El Dios de los cristianos honestos, querido lector, NO ES DINERO. Pero el pastor de marras solo le importa su confort personal, su dios no es el Dios de la fe.
Entonces, veamos unas matemáticas elementales sobre lo que se llama el diezmo en la iglesia denominada la Ciudad de Dios. Por una aproximación simple se puede comprender que la ofrenda es la excusa perfecta para lavar dinero del narcotráfico y otros ilícitos, por ejemplo, la corrupción de una ex presidenta; quien niegue la corrupción en esta iglesia es como escuchar a Pedro negar a Jesús.

En sus datos la iglesia reporta que en el auditorio se pueden sentar once mil personas, de las cuales solo el 10% o 15 % son jefes de familia o sea son las individuos que ofrendan, porque la participación de las esposas y los niños en ese tipo de práctica religiosa es nula. Entonces, ¿cuánto debe ganar este creyente para construir una iglesia como la referida? Los datos no van a cuadrar nunca y la SAT debe investigar a los ofrendantes y las cuentas del pastor. Acá un dato histórico curioso, el Banco Ambrosiano vinculado al Banco del Vaticano fue investigado, precisamente, por el mismo tema, el lavado de dinero de los ilícitos de la mafia. ¿Cuántos ilícitos tendrá Cash Luna para tener una iglesia como La Ciudad de Dios?


En síntesis, si por la fe se mueven montañas por la corrupción se mueve el dinero, se fundan iglesias con pastores que no tienen escrúpulos y lo único que les importa es la riqueza para comprar sus aviones, sus relojes de oro y demás banalidades. Entonces, si Dios es del Cash Luna, debo cuestionar el principio de Dios por la dignidad humana.