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lunes, 31 de agosto de 2015
Origami por el voto
Etiquetas:
corrupción,
democracia,
elecciones 2015,
Estado,
no al voto,
Tribunal Supremo Electoral Guatemala
Ubicación:
América del Norte
domingo, 16 de agosto de 2015
Democracia perfecta o elección perpetua
Estimadas lectoras y lectoras, hoy en
nuestro país, como en muchos otros países del mundo, se tiene el sistema
democrático con elecciones periódicas; un modelo de gobierno -en apariencia-
con ventajas para la alternabilidad del poder.
Sin embargo, luego de vivir algunos años, ver lo que he visto y
reflexionado sobre lo que he leído, me permito compartir con ustedes una
parodia, en tono burlesco, de las elecciones en nuestra patria, que bien podría
ser el país de otros en cualquier parte del planeta.
Espero la disfrute por el nivel de
sarcasmo que contiene, porque la violencia que los políticos nos han impuesto a
lo largo de los años nos ha dejado en el límite del colapso social. Dice así:
Cerró de golpe la constitución, luego ordenó, “yo, el máximo
dignatario, decreto que las elecciones sean diarias para que la democracia
marche adecuadamente en prosperidad de la patria”.
Después, con voz de mando, llamó al Ministro de Comunicación,
le ordenó que hiciera la convocatoria para las votaciones. El raquítico
ministro intentó musitar algo, pero la orden se impuso. Minutos más tarde, con
otro grito, convocó a la Ministra de Educación. Ella -sumisa y fiel- acató la
directriz que se le imponía. Al gordo Ministro de Relaciones Exteriores le
dictó una resolución, éste tomó nota y desapareció. Por último, le cuchicheó
algo -en tono de secreto- al obediente Ministro de Gobernación.
Desde ese día, bajo su designio, quedaban escritas las
órdenes para que la democracia funcionara perfectamente. Porque él no iba a
permitir más desordenes ni protestas en la patria con bloqueos de carreteras o
manifestaciones públicas que provocaran bochinches.
Él -como gobernante absoluto- había decretado que todos
los días habría elecciones, incluyendo los domingos, días de asueto o fiestas de
guardar. Con esa orden, todos los ciudadanos debían elegir autoridades cada
mañana, antes de las diez, luego regresar a sus labores, porque la economía del
país no se podía detener.
De esa cuenta, a los escolares se les daría educación
cívica del sufragio, para que -llegado el momento- estuvieran aptos para votar.
A los honorables miembros de la Cooperación Internacional se les hospedaría en
el mejor hotel de la ciudad para que -cómodamente- verificaran los resultados.
La prensa local publicaría -en la edición matutina- la foto de los triunfadores
de la contienda electoral. Todo esto sucedería bajo el estricto control del Ministro
de Gobernación, quien -además- debería citar a los Ministros de Salud, Agricultura,
Economía y Finanzas para fusilarlos, porque se habían vuelto inoperantes en la
democracia participativa. Sanciónese y cúmplase.
Etiquetas:
democracia,
democracia participativa,
el voto. Estado. parodia de las elecciones.,
elecciones 2015,
elecciones Guatemala
Ubicación:
América del Norte
sábado, 18 de julio de 2015
Algunas respuestas periodísticas sobre las elecciones
Hace cuatro
años, cuando la pandilla de políticos concentrados en el Partido Patriota
estaban trabajando afanosamente por acceder al poder, desgañitándose contra sus
adversarios, en una conversación privada el director de Guatevisión comentó, en
forma de chiste a los contertulios, cuando alguien le hizo la pregunta ¿a quién
le creía para gobernar?, ¿si a los “patriotas” o a sus oponentes? Él respondió sarcástico, "de que te
querés morir de cáncer o sida". Los participantes rieron por la
ocurrencia, algunos porque eran subalternos, otros -imagino- porque su actitud
lambiscona los empujó a la jocosidad.
Yo guardé un
prudente silencio, de unos cuantos años, ante la desfachatez de la respuesta.
Sin embargo, ahora me pronuncio, sobre todo porque nos encontramos -otra vez-
en la encrucijada de las elecciones para el cambio de gobierno. Declaro: yo como ciudadano -con derechos y
obligaciones- no deseo "morir de cáncer o sida", espero que los gobernantes que se elijan, a
través del voto, cumplan con la función de organizar el Estado, para que la
población viva con dignidad. Yo, como usted querido lector/a, considero que
tenemos la obligación de reflexionar y pronunciarnos con nuestra actitud para
que este país, el nuestro, sea mejor.
La respuesta en
forma de chiste, por demás sarcástica, -obvio- lo beneficia a él, como director
de un medio de comunicación, donde cualquier imberbe candidato pauta su publicidad
política por segundo y no importa cual contendiente lo haga. Es de felicitarlo
por su medio, es la forma como se articula el sistema para que funcione en la
publicidad. Reitero -para que quede bien escrito-, es la forma como el sistema
en su conjunto se articula; la comunicación como un medio efectivo de
publicidad para vender llantas, hamburguesas o un candidato político. Esta
publicidad tiene un costo y ellos, como medio de comunicación, cobran por transmitirla.
Sin embargo,
ante lo desmesurado y violento que es la política local y sus nexos internacionales
es importante tener una ética de respeto a la vida. Porque me parece importante
ganar dinero a través de una actividad como la publicidad política; pero
también es vital, si no queremos que la realidad nacional se desmorone
totalmente, que marquemos una diferencia.
En ese aspecto,
por estos días -como lo esperábamos-, quienes tenemos interés en la cosa
pública, porque nos importa nuestra patria, apareció Alfonso Portillo como
candidato a una diputación. Lo ridículo de la situación, aparte de las enormes
vallas publicitarias, fueron sus spot publicitarios, donde él declaraba que le
interesaba el país y sus habitantes. Acá, cabe una obscenidad, una palabrota,
porque de veras el ahora contendiente Portillo, fue declarado culpable por
malversar fondos del Estado cuando fue presidente, esto lo enriqueció de manera ilícita. Con esa
suerte de tramposo no vamos a ningún lado.
Aplaudo a los
magistrados -del Tribunal Supremo Electoral- quienes denegaron su participación,
amparados en la Constitución Política. Porque la ética de Portillo responde a
la de un criminal confeso con dosis de cinismo y sarcasmo inigualables en
nuestro país.
Entonces
retornando a mi tesis, somos los ciudadanos -incluye empresarios- quienes
debemos tener una ética de respeto a la vida y no escudados en una pobre
justificación, “si no lo hago yo, lo hará alguien más.” Porque entonces,
nuestras acciones, como promocionar a Portillo en la publicidad política, nos
hunden como país.
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