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domingo, 16 de agosto de 2015

Democracia perfecta o elección perpetua


Estimadas lectoras y lectoras, hoy en nuestro país, como en muchos otros países del mundo, se tiene el sistema democrático con elecciones periódicas; un modelo de gobierno -en apariencia- con ventajas para la alternabilidad del poder.  Sin embargo, luego de vivir algunos años, ver lo que he visto y reflexionado sobre lo que he leído, me permito compartir con ustedes una parodia, en tono burlesco, de las elecciones en nuestra patria, que bien podría ser el país de otros en cualquier parte del planeta.



Espero la disfrute por el nivel de sarcasmo que contiene, porque la violencia que los políticos nos han impuesto a lo largo de los años nos ha dejado en el límite del colapso social. Dice así:

Cerró de golpe la constitución, luego ordenó, “yo, el máximo dignatario, decreto que las elecciones sean diarias para que la democracia marche adecuadamente en prosperidad de la patria”.
Después, con voz de mando, llamó al Ministro de Comunicación, le ordenó que hiciera la convocatoria para las votaciones. El raquítico ministro intentó musitar algo, pero la orden se impuso. Minutos más tarde, con otro grito, convocó a la Ministra de Educación. Ella -sumisa y fiel- acató la directriz que se le imponía. Al gordo Ministro de Relaciones Exteriores le dictó una resolución, éste tomó nota y desapareció. Por último, le cuchicheó algo -en tono de secreto- al obediente Ministro de Gobernación.

Desde ese día, bajo su designio, quedaban escritas las órdenes para que la democracia funcionara perfectamente. Porque él no iba a permitir más desordenes ni protestas en la patria con bloqueos de carreteras o manifestaciones públicas que provocaran bochinches.
Él -como gobernante absoluto- había decretado que todos los días habría elecciones, incluyendo los domingos, días de asueto o fiestas de guardar. Con esa orden, todos los ciudadanos debían elegir autoridades cada mañana, antes de las diez, luego regresar a sus labores, porque la economía del país no se podía detener.

De esa cuenta, a los escolares se les daría educación cívica del sufragio, para que -llegado el momento- estuvieran aptos para votar. A los honorables miembros de la Cooperación Internacional se les hospedaría en el mejor hotel de la ciudad para que -cómodamente- verificaran los resultados. La prensa local publicaría -en la edición matutina- la foto de los triunfadores de la contienda electoral. Todo esto sucedería bajo el estricto control del Ministro de Gobernación, quien -además- debería citar a los Ministros de Salud, Agricultura, Economía y Finanzas para fusilarlos, porque se habían vuelto inoperantes en la democracia participativa. Sanciónese y cúmplase.

sábado, 18 de julio de 2015

Algunas respuestas periodísticas sobre las elecciones


Hace cuatro años, cuando la pandilla de políticos concentrados en el Partido Patriota estaban trabajando afanosamente por acceder al poder, desgañitándose contra sus adversarios, en una conversación privada el director de Guatevisión comentó, en forma de chiste a los contertulios, cuando alguien le hizo la pregunta ¿a quién le creía para gobernar?, ¿si a los “patriotas” o a sus oponentes?  Él respondió sarcástico, "de que te querés morir de cáncer o sida". Los participantes rieron por la ocurrencia, algunos porque eran subalternos, otros -imagino- porque su actitud lambiscona los empujó a la jocosidad. 
Yo guardé un prudente silencio, de unos cuantos años, ante la desfachatez de la respuesta. Sin embargo, ahora me pronuncio, sobre todo porque nos encontramos -otra vez- en la encrucijada de las elecciones para el cambio de gobierno.  Declaro: yo como ciudadano -con derechos y obligaciones- no deseo "morir de cáncer o sida",  espero que los gobernantes que se elijan, a través del voto, cumplan con la función de organizar el Estado, para que la población viva con dignidad. Yo, como usted querido lector/a, considero que tenemos la obligación de reflexionar y pronunciarnos con nuestra actitud para que este país, el nuestro, sea mejor.   
La respuesta en forma de chiste, por demás sarcástica, -obvio- lo beneficia a él, como director de un medio de comunicación, donde cualquier imberbe candidato pauta su publicidad política por segundo y no importa cual contendiente lo haga. Es de felicitarlo por su medio, es la forma como se articula el sistema para que funcione en la publicidad. Reitero -para que quede bien escrito-, es la forma como el sistema en su conjunto se articula; la comunicación como un medio efectivo de publicidad para vender llantas, hamburguesas o un candidato político. Esta publicidad tiene un costo y ellos, como medio de comunicación,  cobran por transmitirla.
Sin embargo, ante lo desmesurado y violento que es la política local y sus nexos internacionales es importante tener una ética de respeto a la vida. Porque me parece importante ganar dinero a través de una actividad como la publicidad política; pero también es vital, si no queremos que la realidad nacional se desmorone totalmente, que marquemos una diferencia.
En ese aspecto, por estos días -como lo esperábamos-, quienes tenemos interés en la cosa pública, porque nos importa nuestra patria, apareció Alfonso Portillo como candidato a una diputación. Lo ridículo de la situación, aparte de las enormes vallas publicitarias, fueron sus spot publicitarios, donde él declaraba que le interesaba el país y sus habitantes. Acá, cabe una obscenidad, una palabrota, porque de veras el ahora contendiente Portillo, fue declarado culpable por malversar fondos del Estado cuando fue presidente,  esto lo enriqueció de manera ilícita. Con esa suerte de tramposo no vamos a ningún lado.
Aplaudo a los magistrados -del Tribunal Supremo Electoral- quienes denegaron su participación, amparados en la Constitución Política. Porque la ética de Portillo responde a la de un criminal confeso con dosis de cinismo y sarcasmo inigualables en nuestro país.

Entonces retornando a mi tesis, somos los ciudadanos -incluye empresarios- quienes debemos tener una ética de respeto a la vida y no escudados en una pobre justificación, “si no lo hago yo, lo hará alguien más.” Porque entonces, nuestras acciones, como promocionar a Portillo en la publicidad política, nos hunden como país.